Una de las cosas de las que más se lamentaron los responsables de la UCLM en nuestras recientes reuniones fue la falta de ambiente de comunidad en los campus. Creo recordar que las palabras del gerente fueron “llevo seis meses en el cargo y sois los primeros que venís a proponer algo y no a contarme un problema”. La gestión, papeleo y burocracia cotidianos muchas veces impiden a los jefazos promover actividades participativas. Y es una pena, porque una universidad es un grupo de varios miles de personas con inquietudes culturales y muchas veces sociales, terreno abonado para mayos del 68, duelos de robots, fiestas toga y demás actividades recreativas y multitudinarias. Así pues, dejamos caer la idea de celebrar un Spermöla universitario manchego, y la idea pareció caer de cara. Ya veremos.
Echemos entre tanto un vistazo a lo que hacen en otros sitios: la Asociación de Reutilización de Ordenadores de Cornell (CCRA en inglés) es un magnífico ejemplo de lo que puede rendir el capital humano universitario. La Universidad de Cornell, famosa por contar durante décadas con el profesor Carl Sagan, es un importante nido de geeks, y los de la CCRA dedican su tiempo a la noble tarea de reparar ordenadores para mandarlos a escuelas e institutos africanos. Cada año se plantean cuatro o cinco proyectos concretos con la colaboración de ONGs locales, y costean con donaciones el envío del material, una vez puesto a punto según las necesidades que hayan indicado los receptores.
-Jaja, qué cachondo el Enjuto Mojamuto.
Es difícil exagerar las bondades de un ordenador como herramienta de aprendizaje, especialmente en entornos de carestía. Sólo la cantidad de texto, imágenes, vídeos que podemos meter en un disco duro supera todos los libros que una persona normal lee a lo largo de su infancia. Cada ordenador que la CCRA envía a un aula africana es realmente útil para docenas de chavales, y digo útil en el sentido de acabar de contable en lugar de cultivador de sorgo.
Nuestra basura informática nace en China y va a morir a los vertederos de las grandes ciudades africanas. Pasándose todas las normas sanitarias y medioambientales por el forro, enviamos nuestros aparatos obsoletos a vertederos del tamaño de barrios enteros que se engranan con la vida cotidiana de las grandes ciudades africanas, desde Accra a Nairobi. The Guardian ha elaborado una galería fotográfica sobre este asqueroso fenómeno.
Millones de personas viven de los metales que pueden arrancar a circuitos y carcasas. En el proceso se generan gases tóxicos -principalmente mercurio- que les envenenan lentamente a ellos y a sus familias. Basel Action Network, una ONG nacida en Seattle dedicada a luchar contra la llamada e-waste, calcula que cada día entran en Lagos 400 contenedores de residuos electrónicos. La Convención de Basilea acerca del tema fue firmada por 160 países en 1992, y obviamente no ha podido hacer nada para frenar la situación a la que hemos llegado.
Afrigadget es un blog colectivo dedicado a mostrar al mundo el ingenio tecnológico africano. Es realmente apasionante recibir noticias de ese enorme agujero negro informativo, del que sólo escapan algunos lamentos de vez en cuando. Pues no señor, África es un sitio inmenso lleno de gente joven dispuesta a luchar por un futuro mejor. O al menos, a írselo fabricando con sus propias manos. En Afrigadget encontraremos desde molinos de viento hasta esculturas para turistas. Y, aunque no es un blog específicamente dedicado a ello, muchos de los cacharros nacen de la reutilización.
Este helicóptero, construido por el nigeriano Mubarak Muhammad Abdullahi está hecho con aluminio de la basura, piezas de coches viejos y los restos de un Boeing 747 estrellado en la zona. Y volar, vuela, a una altura de un palmo. Obvia decir que el señor Mubarak no posee formación aeronáutica.
Los cacharros africanos suelen transmitir una poderosa idea de utilidad. Mucha gente en África, como decía Kapuscinski, tiene un solo objeto importante en la vida, y se ganan la vida con ello: el que tiene una pala hace agujeros, el que tiene una olla cuece arroz y lo vende. Aquí vemos una máquina de soldar hecha con bobinas caseras, encontrada por un editor de Afrigadget en la carretera Ngong, en Nairobi. Mete miedo:
Si alguien con iniciativa como Simon Mwangi, que vive precisamente en ese barrio de la capital keniata, tiene acceso a una máquina de soldar y a la chatarra que se acumula en los vertederos, pueden llegar a crearse esculturas como este cocodrilo. Simon las vende principalmente a hoteles de lujo y cobra hasta 30.000 chelines por cada una, que equivale a unos 300 euros.
Así que donde antes había un vertedero, chatarra y cables, ahora tenemos a un fabricante de soldadores y a un artista herrero ganándose la vida. Muchos europeos que se definen como liberales deberían aprender un poco sobre cómo sacar adelante, con tesón y mucho ingenio, un negocio en circunstancias mucho más chungas de las que estamos acostumbrados a ver.
Semana linuxera Desde el lunes 17 hasta el domingo 23 de noviembre publicaremos cada día un post dedicado a una distro de Linux para equipos obsoletos.
Obsoletos es un proyecto de investigación, creación y difusión de sistemas creativos de transformación de residuos tecnológicos.
Este blog es el espacio en el que el equipo de Obsoletos volcamos nuestras ideas, referencias y pensamientos en torno al mundo de la tecnología y la reutilización.
También queremos usar este espacio para dejar constancia de en qué nos gastamos la pasta, porque consideramos que el dinero público es algo muy importante y, la verdad, aún no sabemos qué coño hicieron con ciento cuarenta mil eurazos los tipos de las Keli Finder.