Me ha hecho especial gracia la ocupación de colocador de bolos, desempeñado por adolescentes hasta los años 40. Si hoy las boleras son la máxima expresión del posmodernismo colorista de la sociedad de consumo, el pasado nos evoca una infame sordidez en la que un chiquillo pobre nos contemplaba aburrido desde el fondo del pasillo de madera.
En algunas es más difícil de percibir que en otras; ahora que, o el representante de Pachelbel (si tuvo) no era como los actuales o los herederos son trillonarios.
¡Una sintonía que nunca quedará obsoleta! (la original claro)
Pablo Iglesias Simón es profesor titular en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (más conocida como RESAD, que es un acrónimo horroroso) y gracias a alguno de sus alumnos hemos descubierto que este tipo tan majo firma sus apuntes con un sello de Creative Commons, o sea, que son libres para que todo el mundo pueda leerlos mientras quede clara su autoría. Esto, que en principio parece de Perogrullo, no es muy común en un espacio como la Universidad pública, donde todo el conocimiento generado con nuestros impuestos debería ser universalmente accesible. Por supuesto, un alumno siempre puede comprar los apuntes en las copisterías o bajarse material de la aplicación online que tenga la universidad. Pero Pablo sube sus apuntes a su propia página personal para que yo no tenga que acudir a las copisterías de la RESAD o pedirle a algún alumno su user y pass.
Entre todos los pdfs de su web, hay uno que nos ha llamado especialmente la atención: una lista de soportes analógicos y digitales de grabación y reproducción de audio (PDF, 123 KB). Como estos días andamos liadillos con esto de los formatos de conservación de información, esta lista nos ha ampliado notablemente los horizontes: desde el cassette al DVD-RAM BWF, con su precio, calidad, editabilidad, etc. Hay tanto formatos domésticos como profesionales, y todos ellos se usan hoy en día en mayor o menor medida (o sea, no hay ninguno totalmente obsoleto).
En un país como España, en el que cada año se vende un teléfono móvil por cada tres habitantes, se diría que no existe cultura de la reparación. Pero según El País, cada año se reparan tres millones de aparatos. Conste que, pese a las estupendas cifras, los obsoletos no conocemos a nadie que haya arreglado su móvil estropeado.
Seguro tienes por ahí alguna maquinita o consola portátil de las antiguas. Nintendo las fabricó y vendió por todo el mundo desde 1980 a 1991. Eran aparatos sencillos, de un solo juego, más parecidos a una calculadora que a un ordenador. Las maquinitas fueron el regalo de comunión de una generación (posiblemente la mejor manera de hacer callar a un niño en los 80)… luego las metimos en un cajón. Pues está en tu mano que vivan una segunda juventud.
Foto de Frenkieb
¿Tienes una? ¿Has pensado en rescatarla del trastero? Quítale el polvo y vete corriendo a buscar unas pilas, porque echarte una partidas no tiene precio (bueno las pilas unos 4€). Sin duda el artículo en la wikipedia tiene buena información y te ayudará a identificar los diferentes modelos, y en eBay averiguarás su precio de subasta.
¡Pero sólo en Obsoletos.org te damos más!
¿Que se te perdió la tapa de las pilas? ¡Fabrícate una! Cutter por aquí, cinta aislante por allá. También puedes comprarlas en e-bay.
Interesante y exhaustiva también esta guía de reparación para maquinitas, en inglés eso sí. También puedes tunear tu móvil con la Game&Watch como este japonés (pero hay que estar loco y ser japo):
Si buscas más información en la red sobre el tema no te pierdas estos links:
su tiempo de reacción y el de su teléfono no son compatibles. Es como si Usain Bolt le echara una carrera al profesor Stephen W. Hawking (para los amigos “el tipo de la silla de ruedas que soprendentemente todavía no está muerto”).
Rob Walker y Joshua Glenn llevan un tiempo estudiando las relaciones entre las personas y los objetos que les rodean. Ahora tienen un proyecto bastante ingenioso: Significant Objects, para explorar los sentimientos que proyectamos en los objetos económicamente carentes de valor.
La cosa funciona así: se compra cualquier objeto de poco valor en uno de esos mercadillos que los estadounidenses organizan en el jardín de su casa; puede ser cualquier cosa: un juguete, una figurilla decorativa, una pieza de menaje… A continuación, un escritor concibe y redacta la historia ficticia de ese objeto, aportando cualidades emotivas a productos que suelen ser objetivamente feos. Una vez hecho esto, el pack cosita+relato se vende en eBay. Y a ver cuánto pagan.
Dispensador de caramelos de Pedro Picapiedra
Este muñeco dispensador de caramelos Pez con cabeza de Pedro Picapiedra fue comprado por 50 centavos y vendido por 5′50 dólares. Su historia ha sido escrita por Claire Zulkey, y según ella, este objeto fue un regalo de San Valentín de un antiguo novio, tan feo que se quedó pensando que ya tenía excusa para cortar la relación. Sin embargo, el muñeco le recordaba a su padre, que abandonó la familia cuando ella tenía 17 años, en su expresión estúpida y en la forma de la cabeza. Así que se lo quedó, para recordar lo idiota que era su padre y no echarlo nunca de menos.
Esta historia ha multiplicado el valor de un dispensador de caramelos Pez por diez. Por supuesto, está por ver cuánto de ese precio corresponde al efecto hype de un proyecto novedoso como éste, pero es indudable que los valores económico y emocional de los objetos que nos rodean cada vez tienen menos que ver.
Significant Objects tiene formato de blog, en el que cada post corresponde a un objeto y contiene foto, historia y enlace para comprarlo por eBay. Como formato, muy práctico. Como proyecto, muy interesante. Y, como negocio, asombrosamente rentable.
El Doctor Repronto es uno de los personajes más interesantes del internet español. Analista impenitente de la cultura pop, ya sean fotonovelas italianas o películas turcas, lo bueno de sus reflexiones es que las conclusiones suelen estar muy alejadas de la frivolidad que se supone a un producto de serie b, véase el capítulo donde nos descubre que Goofy es un arquetipo racista del negro sureño.
En el octavo capítulo de la primera temporada, el Dr. Repronto y su gabinete afrontaban el tema de la tecnología. Sorprende la obsesión de las obras populares de bajo presupuesto por mostrar derroches de tecnología del futuro, y el doctor se pregunta: ¿qué es lo mínimo que podemos considerar tecnología?
Delicioso el blog There, I fixed it (hala, lo he arreglado) dedicado a recopilar perlas de la infinita creatividad humana a la hora de solucionar problemas. Presten atención a la frankensilla, que ha llevado a sus últimas consecuencias la máxima de reparar todo lo reparable.
Descubrimos gracias a Mariano una estupenda web para documentarse sobre formatos de comunicación obsoletos: el Dead Media Archive es una iniciativa del Departamento de medios, cultura y comunicación de la Universidad de Nueva York para hacer accesibles las investigaciones que llevaron a cabo los alumnos del curso de arqueología de medios que se impartió de enero a abril de 2008.
Con un formato de wiki, el DMA cuenta con más de sesenta dossieres sobre tecnologías de comunicación que se puede considerar oficialmente obsoletas: desde el dictado a una secretaria hasta el teléfono de coche, analizadas con el máximo rigor y abundante documentación. Están incluso algunas tecnologías falsas, como la fotografía espiritista, que tuvo cierta importancia (o credibilidad) desde 1860 hasta 1930. Pero la que más me ha llamado la atención en el primer vistazo es el periódico por FM o radio facsímil.
Lo interesante de este formato es que fue el futuro durante casi un siglo. Las primeras experiencias para transmitir gráficos datan de 1842, con los primeros telégrafos capaces de plasmar en un papel un gráfico escaneado por líneas de Alexander Bain. En 1865 se puso en marcha el pantelégrafo, una máquina increíble que combinaba un pantómetro cuyos brazos se movían según la intensidad de la corriente, y que servía para comunicarse entre París y Lyon. En los años 20 del siglo XX se produjeron notables avances para el facsímil, como el radiofotograma sin hilos de Richard Hanger, que logró transmitir fotos de un lado al otro del Atlántico.
Pero los intentos para hacer de esta combinación de tecnologías un medio de comunicación de masas fueron infructuosos. La todopoderosa RCA desarrolló en 1936 un receptor de esta tecnología listo para ser instalado en cualquier casa. Estados Unidos era todavía más grande en aquellos años, y las redes de distribución de periódicos no podían abarcar cada calle y cada pueblo. Las ondas FM eran perfectas para llevar un periódico, o al menos una versión reducida, a cada casa de América donde llevar un cable hubiera sido imposible y ni las furgonetas podían llegar cada día. El invento, desarrollado a partir de las patentes de John, V. L. Hogan, contó con la colaboración de una docena de las empresas más importantes del momento en la comunicación, desde General Electric hasta el New York Times. De allí salieron máquinas del tamaño de pinballs que permitían escuchar la radio y, además, incorporaban una impresora que generaba un periódico en unos minutos, sintonizando la frecuencia correspondiente en FM.
Las causas del fracaso del facsímil de periódico por radio fueron un poco de todo: para empezar, el precio del papel donde imprimía la máquina comenzó siendo exhorbitante, de cientos de dólares el rollo. El tamaño tampoco era gran cosa: las primeras páginas tenían menos de ocho centímetros de ancho, y las interferencias y baja resolución no permitían mostrar imágenes de cierta calidad. Con esas limitaciones, la información recibida era necesariamente escasa y no compensaba la inversión. Aunque la FCC llegó a regular los estándares necesarios para el lanzamiento comercial del periódico por radio, nunca fue una tecnología adoptada masivamente. En el momento del ataque japonés a Pearl Harbor había cuatro estaciones emisoras de radio facsímiles.
Aunque no soy muy amante de la ciencia ficción, me gustan los textos de Fabrizio en los que plantea con fina ironía las relaciones entre humanos y máquinas en el futuro. He encontrado este texto, Desperate users, muy adecuado para reflexionar sobre los usos que hacemos hoy en día de las máquinas que nos rodean. Me quedo con lo de “soportar la carga de ser orgánicas”.
El gigante nipón de la informática ha creado y promovido unos cuantos formatos de almacenaje de información en las últimas décadas. Algunos han triunfado, otros han fracasado. En imprescindible.es les echan un repaso.
Obsoletos es un proyecto de investigación, creación y difusión de sistemas creativos de transformación de residuos tecnológicos.
Este blog es el espacio en el que el equipo de Obsoletos volcamos nuestras ideas, referencias y pensamientos en torno al mundo de la tecnología y la reutilización.
También queremos usar este espacio para dejar constancia de en qué nos gastamos la pasta, porque consideramos que el dinero público es algo muy importante y, la verdad, aún no sabemos qué coño hicieron con ciento cuarenta mil eurazos los tipos de las Keli Finder.