Marvin Harris y la obsolescencia planificada

27 de Agosto de 2008 por paaq

En 1981 el antropólogo estadounidense Marvin Harris, tras 30 años estudiando tribus perdidas en los montes de Papúa, analizó su propia cultura, la norteamericana, en un librito del que traigo las páginas dedicadas al tema de la obsolescencia planificada. En esa época el mercado de electrónica doméstica estaba en pañales; el único producto electrónico personal de uso común era el novedoso reloj de cuarzo. Por tanto, Marvin Harris habla más de lavadoras y televisores que de ordenadores o consolas. Éstos han añadido muchas dimensiones al concepto de obsolescencia planificada, pero el texto de Harris es una magnífica base para comenzar a comprender el tema:

Creo que el mejor indicio de la falta de preocupación por los problemas de calidad entre el personal directivo estadounidense es el hecho de que los datos sobre el “ciclo vital” de los productos de consumo sean prácticamente inexistentes. Sólo si se siguen los productos a través de su “ciclo vital”, desde el nacimiento hasta la muerte, y bajo condiciones reales de uso, se puede conocer exactamente con qué frecuencia se avería un artículo, qué tipo de reparaciones necesita, cuánto le cuestan las reparaciones al consumidor en tiempo y dinero, y cuánto tiempo lo puede utilizar antes de tener que deshacerse de él. Debido a este desinterés de los directivos por los estudios sobre el “ciclo vital” de los productos, no es exageración afirmar que los consumidores no son los únicos a quienes se les ha ocultado la calidad real de los productos que compran, porque hasta los propios fabricantes están casi tan mal informados como ellos. Cuando los fabricantes han tratado de descubrir el tiempo de duración de sus productos, sólo lo han hecho para asegurarse de que no se fueran a averiar durante el período de garantía. (A este respecto, los teléfonos y otros equipos que se que explotan en régimen de alquiler constituyen una excepción, puesto que es el fabricante quien debe cargar con el costo de sustituirlos.) Pero incluso en lo que se refiere a período de garantía, los fabricantes rara vez disponen de información sobre cuánto le costará al consumidor el defecto en términos de molestias, tiempo y dinero gastado en cartas, llamadas telefónicas y desplazamiento hasta los centros de servicio.

Pero los fabricantes estadounidenses fueron más allá de la despreocupación por las características del “ciclo vital” de sus productos. También desarrollaron de forma simultánea la técnica de marketing conocida como “obsolescencia planeada”. En consecuencia, ¿no se puede afirmar que la chapucería no sólo ha sido tolerada, sino incluso bien recibida como medio de aumentar la rentabilidad a corto plazo? ¿No fue acaso después de la Segunda Guerra Mundial cuando los fabricantes estadounidenses empezaron a sacar cada año nuevos modelos de aspiradoras, batidoras y máquinas de coser? La lista puede ampliarse indefinidamente, hasta incluir cuadernos y sujetapapeles. Aunque estos nuevos modelos venían a veces dotados de importantes avances tecnológicos, tales como los programas automáticos en lavadoras y secadoras, la mayoría sólo consistía en cambios de fachada o en la inclusión de elementos accesorios de dudoso valor. A las aspiradoras les ponían ruedas accionadas por motor; a los frigoríficos, puertas, compartimentos y bandejas suplementarios. Los tostadores llevaban servomotores para introducir automáticamente la rebanada de pan; los ventiladores venían con termostato; las lavadoras, secadoras y batidoras cada vez tenían más diales y botones de control; en las cocinas se implantaban cronómetros, relojes y molduras cromadas.

La obsolescencia planeada explota la fe del consumidor en que cuanto más nuevo sea un producto, mejor funcionará. Los norteamericanos, a causa de su debilidad por todo lo joven y lo nuevo y su generalmente optimista visión del futuro, eran un blanco fácil para esta estrategia.

Por supuesto, la obsolescencia planeada no es necesariamente lo mismo que el fallo deliberado en los productos. Una cosa es engatusar a la gente para que crea que un nuevo modelo “está perfecccionado” por el simple hecho de ser más moderno, y otra muy diferente manipular a propósito el nuevo modelo para que se averíe más pronto que los anteriores. Como era de esperar, los ingenieros y diseñadores niegan con toda firmeza la posibilidad de que exista el fallo planeado en los productos. Sin embargo, no hay que invocar una conspiración deliberada para mostrar que existe una relación entre la obsolescencia planeada y la plaga de los artículos de pacotilla.

¿Se puede acaso negar que sin una enérgica acción correctora, la técnica de cambiar los modelos por el sencillo método de añadir piezas a lo único que dará lugar es a índices crecientes de fallos en los productos? Esto no sólo se desprende de la Ley de Murphy, sino de lo que los ingenieros consideran como el principio básico del control de calidad, a saber, que el índice de seguridad de cualquier aparato o estructura no es la media sino el producto de los índices de seguridad de sus diferentes partes componentes. Esto requiere una explicación. Supongamos que un aparato tiene dos componentes, cada uno de los cuales falla previsiblemente por término medio en una de cada cien unidades por año. Cada componente tiene, por tanto, un índice de seguridad de 0,99 por año. Pero según las leyes de probabilidad, la seguridad del aparato no será de 0,99, sino de 0,99 × 0,99, es decir, 0,98. Al considerar diez componentes con un índice de 0,99, la seguridad del producto desciende a 0,90, y si hay cien, se reduce a un catastrófico 0,37. En otras palabras, sin un esfuerzo concertado de ingeniería, diseño y producción encaminado a compensar las adiciones y accesorios que se utilizaron para crear la impresión de que los modelos del año anterior se han vuelto obsoletos, la inferior calidad de los nuevos productos se convierte en una certeza virtual. Por ejemplo, las lavadoras último modelo tienen de 18 a 24 programas de lavado, de 10 a 14 pulsadores, de 3 a 5 niveles de temperatura y 2 o 3 velocidades diferentes. “Cuando se suman todas esas cosas”, comenta John Petersen, director nacional de servicios de la Montgomery Ward and Company, “el índice de fallos por fuerza ha de ser mayor”.

Admitamos que probablemente se hayan dado pocos casos de órdenes específicas por parte de altos ejecutivos a diseñadores e ingenieros para que garantizasen el fallo de un producto en una fecha determinada. Es más probable que la dirección diera instrucciones a los diseñadores e ingenieros para que se asegurasen de que un producto no fuera a fallar antes de una fecha determinada, la especificada en la garantía del fabricante (o en el caso de elementos que pudieran constituir un riesgo de seguridad, el período especificado por las leyes de seguridad de los productos de consumo). De este modo, cuando se averiaba un producto después de caducar el plazo de garantía, técnicamente nadie podía decir si la dirección así lo había planeado. El veredicto es, pues, que si los fabricantes de los Estados Unidos no conspiraban de hecho con sus ingenieros y diseñadores para lograr que sus productos se hicieran pedazos, el uso de la obsolescencia planeada y el descuido de los datos cualitativos sobre el ciclo vital vinieron a surtir el mismo efecto.

Marvin Harris - La cultura norteamericana contemporánea


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Planned Obsolescence with Annie Leonard

19 de Junio de 2008 por skotperez

Hace unas semanas intentábamos explicar en qué consistía la obsolescencia planificada, y tardábamos unos cuantos párrafos. La chiquilla de The Story of Stuff, Annie Leonard, lo hace con unos dibujinchis en menos de un minuto ¿Alguien da más?

Venga, los que no os queráis leer las chapas que soltamos en obsoletos dadle al play, que son 52 segundillos.

Ahora que habéis visto el vídeo os puedo decir que al otro lado de la ventana está Nápoles.


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Planned obsolescence

4 de Junio de 2008 por skotperez

Planned obsolescence (also built-in obsolescence in the United Kingdom) is the process of a product becoming obsolete and/or non-functional after a certain period or amount of use in a way that is planned or designed by the manufacturer. Planned obsolescence has potential benefits for a producer because the product fails and the consumer is under pressure to purchase again, whether from the same manufacturer (a replacement part or a newer model), or from a competitor which might also rely on planned obsolescence.

[…]

For an industry, planned obsolescence stimulates demand by encouraging purchasers to buy again sooner if they still want a functioning product. […] There is, however, the potential backlash of consumers who learn that the manufacturer invested money to make the product obsolete faster; such consumers might turn to a producer, if any, which offers a more durable alternative.

Planned obsolescence, Wikipedia in english.

Que la industria y las empresas planifican la vida útil de sus productos no es una novedad, como tampoco lo es que gracias a ir recortando esta vida útil incrementan sus beneficios cuantiosamente. También es evidente que estas estrategias en las que la actualización de productos y servicios es obligatoria para el consumidor hace que muchos no puedan sostener el ritmo que marcan las empresas, quedandose sin servicio de mantenimiento, sin piezas de recambio, sin actualizaciones de software… obsoletos, en definitiva.

Las estrategias para conseguir la obsolescencia son cada vez más complejas hasta el punto de que la mayor parte de las empresas tienen un departamento dedicado a su planificación. Leyendo las estrategias para conseguir la obsolescencia en el artículo de la Wikipedia me ha llamado la atención la absurdez de la que llaman Notification Obsolescence. Básicamente consiste en que el objeto queda obsoleto cuando te lo dicen; a veces es el propio objeto el que se queja:

Some companies have developed a very sophisticated version of obsolescence in which the product informs the user when it is time to buy a replacement. Examples of this include water filters that display a replacement notice after a predefined time and disposable razors that have a strip that changes colour. If the user is notified before the product has actually deteriorated, planned obsolescence is the result. In this way obsolescence can be introduced without going to the expense of developing a new replacement product.

Desde nuestro punto de vista lo interesante de la obsolescencia planificada es precisamente su planificación. Las empresas pueden llegar a planificar la muerte de un producto a varios años vista. Por supuesto, en la mayoría de los casos, estas políticas son secretísimas. Pero toda planificación se puede contraplanificar y eso es lo interesante.

Imaginaos que cuando las cintas de vídeo estaban desapareciendo en pro de la mayor calidad que ofrecía el entonces nuevo soporte DVD alguna empresa hubiese planificado un aprovechamiento masivo de las carcasas, desarrollando una idea y comercializándola. La consecuencia es que la empresa habría hecho dinerillo. Pero quizás si estas contraplanificaciones para aprovechar algún producto obsoleto se extendieran la obsolescencia no sería tan rentable para las empresas y no estaría tan extendida.

Nosotros, como reutilizadores de objetos obsoletos, intentamos hacer ejercicios de previsión. Os planteamos uno: ¿Qué pasará con las pantallas LCD tras el lanzamiento de Windows 7?


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